Mi nombre es William Goldsmith.

Orígenes desconocidos.

  Fue detenido en Enero de 1.938, en relación al múltiple asesinato del parque Wellington.

  En este caso, fue asesinada una pareja de novios. Verónica Anderson y Arnold Wisechase.

  El asesino disparó repetidas veces sobre ellos, y cuando iba a marcharse, descubrió a William Goldmith. Disparó sobre él su arma, pero ya sin munición, emprendió la fuga por las calles de Tampa.

  Fue perseguido por William Goldsmith durante veinte minutos, hasta que, finalmente le capturó en la calle Faulkner.

  Dos testigos, desde sus viviendas, vieron al reo, golpear al criminal hasta la inconsciencia. Después le vieron desaparecer y llamaron a la policía, pero William Goldsmith volvió con un objeto afilado, y tras desnudar completamente al asesino, practicó un profundo corte, desde el pecho hasta la ingle, tras lo cual, comenzó a extraer sus órganos vitales al infeliz, mientras este despertaba, y gritaba angustiado.

  Cuando la policía le atrapó finalmente, no opuso resistencia alguna, alegando que él era la justicia.

  El estado se hace cargo de él a partir de ese momento.

“Soy todo suyo, se lo contaré todo. Los demás tenían sus dudas con usted, pero yo no, le he observado, le conozco.”

William Goldsmith paseaba de forma errática por las calles una noche en Enero de 1938. Su estado de excitación era muy alto. Acababa de asesinar a un hombre.

Meses atrás había empezado una investigación a través de la ouija con unos colegas ocultistas. Solían quedar las noches de los sábados, cada vez en una casa. Asaban carne, bebían vino y filosofaban hasta altas horas de la noche. Ninguno sufría estrechez económica, así que podía decirse que todos ellos se dedicaban por entero al crecimiento espiritual, como así lo llamaban.

Cierta noche iniciaron la práctica de la ouija y lo que allí ocurrió les sorprendió en extremo a pesar de su experiencia en el campo, pues no contactaron con un espíritu, sino con un ser del espacio profundo.

Se hacía llamar X-Trashidin. Habló del exterminio de la especie humana.

Aquella experiencia fue tan estimulante para ellos que en adelante se reunieron todos los días dedicando cada vez más horas a la comunicación con aquella entidad.

Hablaba de la necesaria destrucción de la raza humana, de la supremacía galáctica, de la invasión a la tierra y poco a poco fue concretando más su mensaje. X-Trashidin era un rebelde en su mundo. Su comunicación no tenía otro fin que el de detener a Illdarin y su plan de destrucción sobre la tierra

“Pero, ¿cómo?”

Nada más fácil. No hay necesidad de exterminarnos si podemos hacerlo nosotros. Basta con poner determinada tecnología en determinadas manos para que el fin se precipite sobre la tierra.

Tras meses de auténticos coloquios en interminables intervenciones con tan rudimentario medio de comunicación, X-Trashidin, siempre curioso, haciendo diez preguntas por cada una que respondía, se interesó sobre todo por cuestiones religiosas y finalmente averiguó lo suficiente del ser humano occidental y sus creencias para formular lo siguiente:

“– Figúrense que Illdarin es Satanás y que la comunidad científica serán las plagas del apocalipsis. Figúrense por un momento que su Biblia no cuenta los hechos del pasado, sino los del futuro, que necesitan un mesías; un salvador, o están todos ustedes condenados.”

Patrick Jhonson no lo soportó. Tras meses de contactos en los que se citaban innumerables detalles oscuros sobre el futuro de la humanidad, una tarde de Enero se arrojó a las vías del tren.

Aquel fue el día de la última sesión de grupo. Todos se apartaron del fenómeno y jamás consintieron que se les volviera a hablar del mismo. Todos excepto William, al que el destino impelió quizá a no abandonar. Bajo el efecto de la mandrágora se lanzó a la calle una noche. Alguien le seguía.

“–Lo sé” le decía desde atrás, apretando el paso. William apretó el paso a su vez, pero finalmente aquel hombre le dio alcance dentro del portal en que William intentó resguardarse. “–Lo sé, infeliz” repitió poniendo sus manos alrededor del cuello de William. Este le asestó repetidos golpes de forma frenética hasta que se aseguró de su muerte aplastándole la cabeza una y otra vez con un ladrillo que allí encontró. Después, huyendo de la escena del crimen recibió un fuerte shock cuando descubrió al mismo hombre al que había asesinado momentos atrás en el parque, disparando a una pareja.

“–¡Ah, no! Esta vez no escaparás. Esta vez te vaciaré si es necesario.” Y diciendo esto le persiguió hasta que por fin le dio caza.

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