Mi nombre es Thomas Heller

No imagina lo difícil que es asesinar a un hombre, bueno, a un hombre o lo que sea eso. Era uno de los importantes, ¿sabe? Su muerte me habría conducido directamente a su superior, esto funciona así, y quizá a su nave. Podría haberla destruido, haberles hecho entender que la resistencia es fuerte en la Tierra, pero no. Esos sicarios del gobierno me detuvieron sin saber qué estaban haciendo, sin la más mínima capacidad para sopesar lo terrible de su acto.

Orígenes desconocidos.

  En Noviembre de 1.939, salta sobre el diputado, Philip Anderson, armado con un cuchillo, y trata de asesinarle, con poca pericia. Consigue sin embargo, lesionarle mediante una herida superficial, en el pecho.

  Cuando es detenido, acusa a Philip Anderson, de haber venido del espacio exterior.

  Su estado de excitación llega hasta tal extremo, al ver perdida, la posibilidad de asesinar al diputado, que los agentes, se preocupan seriamente por el estado de su salud, y tan sólo puede ser aplacado, su violento frenesí, tras la ingesta forzada de tranquilizantes.

  Se le considera un sujeto especialmente peligroso, por lo incontrolable de sus emociones, y en todo momento, reconoce que si se le da la oportunidad, terminará con éxito la labor que empezó.

  El estado se hace cargo de él, a partir de ese momento.

Se equivoca, por intento de asesinato ahora estría en la calle. ¿No adivina? Locura absoluta.

El diputado Anderson no era quien decía ser. Esto habría sido evidente para cualquiera que le conociera tanto como Thomas. Sin embargo, debía reconocer que su representación era brillante; quizá tanto que engañara a su propia esposa, pero ni si quiera su esposa le conocía tanto como Thomas.

Thomas vivía en una pequeña casa en un barrio acomodado. Vivía de una pequeña pensión procedente de una herencia y disponía de mucho tiempo, que dedicaba a la seguridad.

Anotaba en una libreta todos los movimientos que realizaban sus vecinos, a los que espiaba mediante tres puestos de observación en sendas fachadas, equipados con telescopios de tierra y cámaras fotográficas. Thomas era un amante de la seguridad.

Por las noches, cuando todos dormían él estudiaba las pautas, durmiendo pequeñas siestas durante todo el día, y en el momento en que estas se alteraban, prestaba especial atención e incluso montaba una vigilancia de seguimiento para averiguar que su vecino Littlewood tenía una aventura o que su vecino Tukson había perdido su empleo y sin embargo, cada mañana salía como de costumbre, pero al doblar la esquina se dirigía al bar a emborracharse.

La seguridad requería un gran sacrificio para Thomas.

Un buen día se interesó por su vecino, el diputado Anderson. Sus hábitos habían cambiado drásticamente; de pronto se había vuelto errático e incontrolable, fue en el momento en que decidió presentarse a las elecciones. De pronto el jardín de su casa se llenó de ayudantes de campaña, periodistas y colegas, como si en realidad tramara otra cosa, porque, ¿qué mejor móvil que el de presentarse a senador, para coordinar una invasión a nuestro mundo?

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