Frivolidad, Quinta parte. La casa de los locos 09

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–¡No diga bobadas! –respondió Adam en un tono dulce, tratando de tranquilizar a su paciente. – No existe más vida que la nuestra, ¿no está suficientemente claro?, ¿cómo podría existir otra vida ahí fuera?

Aún con dichas palabras, como Tommy parecía excitarse cada vez más, Adam hizo volver a la enfermera para que lo sacara de allí y se refrescara.

Volvió a asomarse a la ventana y escrutó el cielo. Podía comprender en qué se basaba el pavor de Tommy. Él mismo, nadando en el océano, bajo el cielo nocturno, había sentido la inmensidad sobre él y bajo él. Esta sensación, junto a esa gran negrura que impide ver lo que nos rodea, había despertado en él el temor a que un pez le rozara y entonces preguntarse qué tamaño tendría aquel pez y si su contacto sería casual o no. Esa incertidumbre resultaba muy inquietante y en aquella ocasión le hizo volver a la orilla para vestirse rápidamente, pero la mente tiene mecanismos para evitar que una idea como esta se asiente profundamente y nos arrastre a la locura. Quizá ese desdichado tuviera alguna experiencia traumática durante su infancia, algo que le hiciera temer la inmensidad y la negrura.

Adam recordó cómo cuando era niño, era castigado sádicamente por un primo mayor, que le encerraba en un cuarto de baño con la luz apagada. Quizá esta experiencia, repetida una y otra vez había creado el miedo a lo que la oscuridad oculta. Tal vez Tommy pudiera contar un hecho similar. Al menos ya sabía por dónde empezar con uno de sus pacientes.

–William Goldsmith –anunció Clementine.

Adam se volvió, aún inmerso en sus reflexiones, para encontrarse con el rostro afable de su último paciente.

–Un momento –tomó asiento e invitó a William a que hiciera lo mismo, tras lo cual repasó su informe.

–Baje la guardia –dijo William.

–¿Qué? –Adam levanto la mirada del informe sobresaltado.

–Sí, no tema, hombre. Se lo contaré todo. No repase el informe con el fin de hallar el modo de sondearme, no sufra, soy todo suyo, se lo contaré todo. Los demás tenían sus dudas con usted, pero yo no, le he observado, le conozco –dijo acercándose y susurrando la última frase.

–¿Cómo? –respondió Adam turbado ante la imposibilidad de tal cosa.

–Eso no importa, puedo contárselo todo. Ellos ya están ganando y descuidan sus defensas, nos subestiman. Sin embargo aún recuerdo los primeros años, los electroshocks, las torturas, incluso las lobotomías, ¡pobres diablos!, y ahora, ¡quedamos tan pocos! Y la bomba H ya ha sido probada, ya está todo hecho, ya hemos entrado en la espiral. Puedo contárselo todo, ¡claro que sí!

–¿Qué quiere decir con todo esto?

–Shhhh, cállese y se lo contaré todo. Puedo contar con su secreto profesional, ¿no es así?, aunque no lo fuera, cuídese de repetir mis palabras porque sus días terminarán. Yo estoy loco y puedo decir cuanto quiera, usted está cuerdo y puede escuchar, eso no eso obrar mal, aún no sabe lo que va a oír, por lo tanto, usted no es responsable de lo que yo diga, de los conocimientos que voy a transmitirle. Sin embargo, una vez lo haya hecho deberá usted tomar partido. No habrá medias tintas.

«Escúcheme, todos los que estamos aquí sabemos algo. No estamos en este lugar por casualidad, no estamos abandonados de la mano de Dios por casualidad. Nos han sellado la boca internándonos y han trastornado nuestras mentes a base de medicación, electroshocks y cosas peores, se lo aseguro. Durante los primeros años murieron muchos, pero si uno se portaba bien, le dejaban en paz. Ahora han bajado la guardia, porque su trabajo prácticamente ha concluido, ya estamos en la espiral, la destrucción será completa y ellos vendrán a colonizar nuestro mundo.

–¿A quién se refiere, señor Goldsmith?

–¡Shhhh!, ¡calle, hombre!, los seres del espacio exterior –una risotada de Adam le interrumpió. –Como quiera, ya le he contado bastante.

–No, no, por favor, siga. Como usted decía, está loco, ¿qué le importa que crea la historia o no? Al menos me interesa conoicerla y tal vez me sirva para ayudarle, perdone mi impertinencia, ha sido una torpeza.

–Una torpeza nada profesional –Adam asintió.– Está bien, se lo contaré todo, pero abra muy bien sus orejas, no pierda detalle de nada pues es de suma importancia, va a recibir una información crucial que cambiará el resto de su vida, ¿está usted preparado?

–Sí, lo estoy –dijo Adam, tratando de aparentar el aire de solemnidad que la situación parecía requerir.

–En fin… ¿por dónde empiezo? Será mejor hacerlo por el principio, escuche y no pierda detalle.

«Ellos llegaron a este mundo hace décadas. Son como las cucarachas, pretender invadirlo, pero antes deben prepararlo. Escuche, Adam, todos ellos son sustitutos. El señor Blackwood, el señor Thomason, el señor Rosignol e incluso las enfermeras y un montón más de ellos que han ocupado posiciones estratégicas en nuestra sociedad.

«Empezaron tanteando nuestro mundo, pero algunos de nosotros les reconocimos enseguida y tratamos de acabar con ellos. Algunos lo consiguieron, otros no, pero eran muchos y no había manera de dar con ellos.

«Escuche, Adam. No son como nosotros. Por fuera lo parecen, pero es solo un burdo disfraz. Hay que saber buscar la costura. Su finalidad es destruir nuestra especie, y ya casi lo han conseguido. No tuvieron que hacer gran cosa, se disfrazaron de científicos, de gobernantes, de hostigadores de la paz. Ellos provocaron la gran guerra y nos mostraron cómo exterminarnos, ahora la bomba H ya ha sido probada y hemos entrado en la espiral, ya es imposible retroceder. Pronto, todas las naciones del mundo dispondrán de una de esas bombas, ya la desean. La detonación de una docena de ellas supone de por sí la extinción de la especie, la modificación de los elementos sustanciales para la vida contenidos en la atmósfera. ¿No es brillante, Adam? Ellos no van a destruirnos, vamos a ser nosotros mismos.

«Después vendrán masivamente y colonizarán nuestro planeta, convertirán en esclavos a los pocos humanos que queden, o peor aún, ¡se los comerán!, reestructurarán nuestro mundo a su modo y seguirán buscando señales en el universo con el fin de localizar y exterminar a otra especie tan estúpida como nosotros, como para enviar la localización exacta de su mundo por todo el universo. Así es como encuentran mundos habitables y así es como expanden su civilización.

«Pero ya han ganado y lo saben, por eso han bajado la guardia, están preparándose para marcharse, ya no aplican electroshocks, ya no nos temen, e incluso, con cierta facilidad podemos eludir la medicación que nos ofrecen. Y no necesitamos estar sedados para sobrevivir, solo parecerlo.

«¡Escuche, Adam!, ¡por amor de Dios!, los demás no confían en usted, pero yo sí, yo he visto su alma. Aún tenemos una oportunidad si escapamos de aquí y mostramos al mundo quiénes son. No será agradable, por fuera parecen humanos, pero por dentro no, se lo aseguro, yo mismo lo he comprobado.

–Gracias, señor Goldsmith, es muy tarde. Mañana pediré a la enfermera que se asegure de que tomen su medicación. No, no se ponga así, es por su bien. Seguiremos con el tratamiento y pronto verá cómo esas cosas dejan de preocuparle.

–Pero, pero, ¡usted no es uno de ellos!, ¡lo veo tan claro como la luz del día!, ¡por qué se comporta como si lo fuera!

William abandonó la habitación, junto a la enfermera y Adam preparó sus cosas para volver a casa. Tenía mucho que reflexionar, decidido a hacer de mañana un nuevo día, un día en que por fin encajaría en aquella institución. Después de todo, el trabajo sería sencillo, la remuneración era suficiente y encontrar trabajo era difícil. En adelante no permitiría que los sueños que le habían implantado durante sus estudios acabaran con su carrera.


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