Albert Blake, La casa de los locos

Mi nombre es Albert Blake.

No me mire con esa cara. No soy peligroso, no al menos del modo en que usted cree, salvo que usted sea en realidad uno de ellos, entonces supongo que sí soy peligroso. ¡No soporto su sonrisa de desdén!, la voy a desdibujar con la hoja de mi… pero oiga, ¿qué hace? No, no se vaya, no soy peligroso, en serio, no me deje aquí tan… tan solo.

Nacido en 1.909, en Convington Park. De padre, Thomas Blake Jr. Y madre, Anne Marie, Blake.

  Licenciado en antropología, por la universidad de Tampa, en 1.936.

  Fue hallado, buscando entre la basura, en las afueras de Tampa, en Abril de 1.937, y detenido por las autoridades locales.

  Fue detenido de nuevo, dos meses después, tras haberse atado, fuertemente, las piernas a la vía del ferrocarril. Asimismo, llevaba, atado al pecho, un cartel en el que se leía “Huid de los hombres del espacio.”

  Tras ser avisada su familia, acceden a custodiarlo en su propia casa. Su padre, el señor Thomas Blake, se muestra excitado y renuente, ante la posibilidad de su internamiento.

  En Diciembre del mismo año, vuelve a ser detenido, tras una denuncia de sus vecinos. Había asesinado, con un cuchillo de cocina, a su familia. Cuando se le halló, se frustró su intento de suicidio. Trataba de cortarse la cabeza con el mismo cuchillo.

  El estado se hace cargo de él, a partir de ese momento.

“Dicen que estoy loco –borbotó de pronto, con una voz carraspeante e impetuosa

Reconoce a la entidad X-Trashidin como su maestro luminoso. Él le habla de salvación y de perdón. Salvación para Patrick Jhonson, colega al que empujó a las vías del tren por ser un infiltrado en sus reuniones secretas; perdón para él por asesinar a su amigo, o mejor dicho, por destruir su envoltura física, la réplica mancillada de su amigo, asesinado sin duda mucho tiempo atrás. Ese grito tan breve y desgarrador, en la vía, justo en el instante en que el tren se arrojaba sobre él no podía ser humano. ¿Por qué iba a serlo entonces? A nadie le hubiera hecho falta más prueba de su inocencia que aquella breve y efímera manifestación. Después caminó hacia casa muy excitado, tanto que se orinó en los pantalones, pero no le importó, miró al cielo y guiñó un ojo a X-Trashidin, seguro de que no tendría en cuenta tan insignificante indignidad. Pero lo malo vino después.

Su familia. Reunió las pruebas suficientes para demostrar que formaban parte de la conspiración contra la especie humana. Eran sin duda servidores de Illdarin.

X-Trashidin le pidió que los asesinara a todos, pero ¿cómo podría? Eran su familia después de todo. Finalmente decidió llamar la atención sobre el peligro de los hombres del espacio e inmolarse con la esperanza de que otro entendiera su mensaje y tuviera el valor que a él le faltó para participar en la resistencia sin reservas, pero fue capturado y torturado en casa hasta el momento en que reunió el valor y perdió el control…

Albert Blake, La casa de los locos

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